Mostrando entradas con la etiqueta División de bienes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta División de bienes. Mostrar todas las entradas

228 - Mi hijo, el microondas

“Metete la casa en el orto”, le dije a Valeria el día que nos separamos, “y yo pago la vaselina”. Si había algo en lo que no tenía interés cuando me separé -que me valdría las puteadas de mi abogado y de lo que me arrepentiría varias veces, tiempo después- era en conservar la casa o venderla para obtener mi parte. De hecho, era tal la ansiedad por huir de las garras de mi exposa, que no tuve problemas en dejar atrás todo lujo, en proponerle que se metiera bien en el culo no sólo la casa, sino también todo lo que tenía adentro, incluyendo muebles y electrónicos.

Sólo hice tres excepciones a esta regla. Conservé mi auto y mi computadora, por una mera necesidad laboral. Y le pedí el microondas.

No puedo vivir sin microondas. Un minuto para la taza del te o del café instantáneo. Tres minutos para recalentar unas empanadas sobrantes. Cinco minutos para los restos mortales de un pollo al spiedo de la rotisería del barrio. Programa especial para descongelar esa bandeja de carne picada que ha tomado la textura de un adoquín. Un toquecito de diez o veinte segundos para que las facturas de ayer parezcan recién sacadas del horno. El microondas es magia blanca, con bandeja giratoria y timer. Si tomara mate, creo que lo metería adentro también.

- Pero yo le caliento la leche a los chicos todas las mañanas antes de ir a la escuela - protestó Valeria.
- Y yo caliento... ¡Todo! ¡La vida! Puedo sobrevivir sin la tele, sin el reproductor de DVD, sin el equipo de audio, sin el lavarropas, sin el secarropas, sin el secador de pelo, sin el Epilady. ¡Hasta podría sobrevivir sin heladera, si me lo propongo! Pero por favor, Valeria, no me dejes sin microondas porque me cortás las piernas, las manos y la lengua.
- De ninguna manera - se obstinó.
- Me llevo el microondas. Quedate con todo el resto, pero el microondas se va conmigo.
- Ni se te ocurra, porque llamo a la policía y digo que me robaste.
- ¿Ah, sí? ¡Hablalo con mi abogado!

Cuando le hice el planteo a Pablo, por supuesto, me sacó cagando. “¿Tanto quilombo por un microondas de mierda?”, se me cagó de la risa, “¡Comprate otro, no seas rata!”.

Me compré otro. Más grande. Más lindo. Plateado. Con un manual de instrucciones gordo como "La guerra y la paz". Doce cuotas con tarjeta. Magia caliente.

060 - El ozo contraataca

"Vos sabés cómo es tu hija Natalia... Ella, sin su bendito oso, no duerme. Te llamé al departamento y no te encontré, así que agarré el juego de llaves que le diste a Martín y me pegué una pasadita para buscar el peluche, así la nena no me rompía más"

En estos amables términos y con una de esas sonrisas que se adivinan hasta por teléfono, Valeria resolvió el misterio del oso desaparecido.

Y yo no dije nada. Pero se me ocurrió que el latiguillo de "hablalo con mi abogado" podría cambiar:

"Hablalo con mi CERRAJERO"

Nunca más, nadie -ni mis hijos- volverá a tener llave de mi bulo.

056 - El regreso del Ozo

Al principio, pensé que era todo culpa de Sauron. Que el muy hijo de puta se había comido el oso de mi hija. Hasta que, un par de días después, la nena apareció en casa con su osito bajo el brazo.

- Natu: ¿De dónde salió el oso? - pregunté, desconcertado.
- De caza de mamá - respondió con naturalidad.
- ¿Caro? ¿Tincho? ¿Alguno de ustedes sabe algo de esto? - inquirí.

A duras penas recibí un movimiento lateral de cabezas que indicaba, más que una negativa, un legítimo desinterés en el tema. "Debo estar loco", pensé. Porque yo estaba seguro de que el oso había quedado olvidado en casa. ¡Si hasta dudé del perro!

Entonces se me ocurrió una idea tan inusual como estúpida. Pero que, como la mayoría de las teorías descabelladas, merece ser probada.

- Hola, Valeria - dije al teléfono - Sabés que tengo una duda terrible... Yo juraría que Natalia se había olvidado su osito de peluche acá. Después no lo encontré más y creí que se lo había comido el perro. Pero ahora la enana apareció con el oso bajo el brazo ¿Tenés idea de qué pasó?
- Ah, sí... es una boludez - respondió risueña - Yo te explico...

048 - La misteriosa desaparición del oso

Natalia no puede dormir sin su oso: un peluche tuerto y andrajoso -con una cierta reminiscencia al oso Bobo de Monty Burns- al que ha bautizado con el increíblemente creativo nombre de "Ozo". Así, el peluche en cuestión se ha vuelto nómade: viaja de la mano de mi hija menor de la casa de la madre al mi piso de soltero, asegurándole el buen dormir a la pequeñuela.

Una mañana fría, volví a casa después de dejar a los chicos en la escuela y, cuando me disponía a ponerme a trabajar, encontré a "Ozo" en el piso de la cocina. "La puta madre", pensé, "tengo que llamar a Valeria para que pase a buscar el oso, sino Natu no va a poder dormir". Tomé nota mental del tema, como para resolverlo más tarde y -como me sucede siempre que hago eso- inmediatamente lo olvidé.

Salí a la calle más tarde, ya no recuerdo si en plan profesional o de joda. Sólo recuerdo haber regresado entrada la noche y con un whisky de más. En mitad de la madrugada, desperté sobresaltado. "Uy, me olvidé de llevarle el osito a la nena", casi grité en voz alta, mientras saltaba de la cama, imaginando la angustia insomne de mi pobre chiquita.

Pero el oso ya no estaba.

047 - Divididos, las pelotas

Cuando uno se divorcia, los amigos también se dividen. Lo chistoso -y triste a la vez- es que todos vienen con el verso de que "somos amigos de los dos", "los queremos a los dos por igual", "no vamos a dejar de ver a uno porque se haya separado del otro" y mil lugares comunes más. Lo cual es, por supuesto y por mucho que duela, una mentira vulgar.

Hay cierta clase de amigos cuya división no trae problemas: los amigos pre-matrimoniales. Jorge y Pablo, por ejemplo, no lo fueron. Nos conocimos en la más tierna y atorranta infancia y, para ellos, Valeria fue un "anexo" a mi persona. Pero el que valía era yo. Lo mismo pasó con las amigas más íntimas de ella, que me adoptaron como un "amigo político", pero que a la hora de tomar partido, se pusieron del lado de mi exposa, su amiga.

Los amigos problemáticos, sin embargo, pueden dividirse en dos categorías: los amigos "gananciales" (los que fueron adquiridos durante el matrimonio) y los amigos que, lisa y llanamente, por alguna razón, se cambiaron de bando.

Aún hoy, si me cruzo por la calle con el padrino de Martín, me cruzo de vereda. Porque se suponía que éramos grandes amigos. Porque me dijo que "a nuestra amistá no hay con que darle, loco" el mismísimo día que me separé, jurando que contaba con su apoyo incondicional "paloquenecesites". Sin embargo, jamás recordó mi cumpleaños o se molestó en levantar el teléfono para ver si seguía vivo, muerto o quebrado. Por suerte, no fueron muchos los casos, pero no se puede negar que los hubo.

La verdadera rareza fue Marina: la amiga de Valeria con la que llegamos a llevarnos tan bien que, el día que tuvo que tomar partido, se vino a jugar a mi vereda.

031 - Pila pila

La propuesta me había parecido de lo más sensata. Cuando me separé, había en mi minúsculo departamento, escasísimas posesiones de mis hijos. Y, a decier verdad, cuando venían a visitarme, muchas veces se aburrían. Para peor, no tenía tele y, aunque podíamos ver alguna película, apiñados los cuatro delante de la pantalla de la computadora, era un tanto dificil ponerse de acuerdo en cuanto a qué ver. De hecho, era una batalla constante entre cine de autor, acción, románticas y animación donde -se eligiera lo que se eligiera- al menos tres de cuatro acababan a las puteadas (salvo, en realidad, cuando se imponían las películas de Natalia: aunque jamás lo vaya a admitir en público, Carolina ama las de animación).

Entonces, cuando Valeria me propuso que algunos de los juguetes de mis hijos migraran a mi precario hogar, me pareció una idea fabulosa. Así, cada vez que mis vástagos venían a casa, traían en sus respectivas mochilas alguna cosa que habían rescatado de la casa de su madre.

Todo lo que traían tenía un denominador común. Sólo que yo no lo noté hasta pasado un tiempo, hasta una fatídica tarde de domingo en que me empezó a doler notablemente la cabeza. Una rápida inspección ocular me dio el diagnóstico: Martín jugaba con un Game Boy, Carolina miraba una bailarina que daba vueltas en una cajita de música y Natalia aporreaba un pianito de juguete. Demasiado ruido, todo junto.

- Chicos... ¿En casa de su mamá también hacen tanto ruido? - pregunté risueño, al imaginarme el ataque de nervios que podría tener mi ex ante una situación similar.
- Eh... No, papá - se quedó pensando Caro.
- ¿Sabés qué pasa, viejo? - intervino Martín - Que todos los juguetes a pila están acá.

Entonces lo comprendí todo. Entendí por qué todo el ruido estaba en mi destartalado hogar. Entendí por qué, en mi última excursión al supermercado, había gastando más de 50 mangos en pilas y baterías de variopintos tamaños, formas y colores.

Y, en la siguiente cuota alimentaria, le desconté el gasto de pilas. Si tiene algún problema, que lo hable con mi abogado.

026 - División electrónica

Mi ex tiene la cara de piedra. Hace unos días me envió el email que copio y pego a continuación:

De: Valeria
A: Esteban
Subject: CD

Dado que, cuando nos separamos, vos te llevaste la computadora que tiene grabadora de CD y me dejaste a mi la laptop vieja, que solo tiene lectora, por favor bajame de internet la discografía completa de Diego Torres, Luis Miguel y Los Fabulosos Cadillacs y grabámela en CDs de audio, así la puedo escuchar en el estereo del auto.

Mi respuesta enardecida no se hizo esperar:

De: Esteban
A: Valeria
Subject: Re: CD

¿Vos estás loca o volviste a fumar cosas raras?

Pero Valeria no se iba a dar por vencida fácilmente:

De: Valeria
A: Esteban
Subject: Re:Re: CD

No, de ninguna manera. Pero como te quedaste con la mejor de las dos computadoras, creo que TE CORRESPONDE, que tenés la OBLIGACIÓN MORAL de compensarme y cubrirme esta necesidad.

Por unos segundos, el argumento me resultó casi convincente. De hecho, estuve a punto de empezar a bajarle lo que pedía, cuando me di cuenta, me iluminé, y respondí:

De: Esteban
A: Valeria
Subject: Re:Re:Re: CD

Ya mismo estoy banjando lo que me pediste. Mientras tanto, estoy poniendo en una bolsa de consorcioo dos meses de ropa sucia que tengo acumulado. Como, cuando nos separamos, vos te quedaste con el lavarropas, creo que lo menos que podés hacer por mi es pegarle una lavadita a mis calzones.

Obviamente que no bajé nada de la red.

Mi ex no volvió a mencionar el tema.